Thursday, December 20, 2007

EL HONOR DE LAS INJURIAS - BUSCA Y CAPTURA DE FELIPE SANDOVAL

LA PASION DE SANDOVAL

Arturo Marian LLanos Kishiniov (Moldavia), 1965

Vivimos en los tiempos del buen rollito triunfante, en este primer mundo felizmente acolchado, aparentemente a salvo de las tempestades exteriores. Pongo en marcha mi singular máquina del tiempo "VISION FUTURA", ingenuo cartel anarquista con este lema me inspira- ya tengo nombre para mi método: retrofuturismo anarco-pop. Y un oscuro negro rayo atraviesa el despejado cielo de España. Un demonio alado de paso, que sin duda viaja a Icaria. Sandoval despelleja el cielo, arranca su falsa piel azul, pero debajo no está el blanco de la eternidad suprematista soñada por Malévich, debajo está el negro, el negro de la rabia y de la desesperación, el negro del dolor y de la Revolución Anarquista. El Angel Exterminador taciturno sobruela el frágil inconsciente colectivo de nuestra memoria hitórica. Ha venido a fustigar a los burgueses de derechas e izquierdas, fascistas y antifascistas, pues "hay burgueses de muchas clases y muchos sitios. El burgués de alma y de cuerpo, que es todo lo mediocre y lo servil, tiembla ante la dea de perder su sosiego, su cigarro puro y su café, sus toros, su teatro y su emputecimiento". La boca de Sandoval, torcida a puñetazos y patadas de los carceleros, al igual que la de Maldoror, no está hecha para sonreír. El dolor. "Hay que pesarlo, medirlo, palparlo, gustarlo, comprenderlo… Nadie que no haya sido humillado, y vejado, y escarnecido; nadie que no se haya sentido el ser más desgraciado de la tierra, a la vez que el ser más noble, y más bueno, y más humano, y que al mismo tiempo y todo junto, cuando sentía su desgracia y se consideraba feliz y fuerte, sin aviso, sin motivo, por gana de hacerle daño, por humillarle, haya sentido sobre sus espaldas o sobre su rostro la mano helada de la bestia carcelera; nadie en fin, que preso en la cárcel o preso en el mundo, haya comprendido la tragedia de los hombres condenados a obedecer en silencio y ciegamente las órdenes recibidas, puede conocer la hondura del dolor, la amargura del dolor, la marca terrible que el dolor deja para siempre de los que bebieron, y palparon, y sintieron el dolor de callar y obedecer. ¡Desear hablar y conservarse mudo, desear amar y ser condenado a nadar entre el cieno del odio!"*.El odio a la jerarquía, a los amos de este mundo corrompido, aburguesado, y el amor al hermano proletario. Los últimos serán los primeros, los que nada tienen que perder, los parias, serán la vanguardia de la Revolución. ¡Revolución! Soñada, acariciada y, finalmente, fatalmente traicionada. Que sea este tríptico un homenaje a los tiempos de belleza convulsa, a la Revolución pendiente, imposible-inevitable.
*Un "incontrolado" de la Columna de Hierro. Diario Nosotros, 12 al 17-III-1937.

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